QUÉ ES RELAJACIÓN PARTE II

“La relajación sólo llega cuando no hay un *necesitas* en tu vida. La relajación no sólo es del cuerpo, no es sólo de la mente, es de tu ser total.”

Cuando la acción no tiene importancia es actividad. Obsérvalo en ti mismo y fíjate: el noventa por ciento de tu energía es malgastada en actividad. Por eso, cuando llega el momento de la acción no tienes energía. Una persona relajada no es obsesiva, y la energía comienza a acumularse en su interior. Conserva su energía, se conserva automáticamente, y entonces cuando llega el momento de la acción todo su ser fluye con ella. Por eso la acción es total. La actividad siempre es a medias, porque, ¿cómo puedes engañarte a ti mismo absolutamente? Hasta tú sabes que es inútil. Hasta tú eres consciente de lo que estás haciendo por determinadas razones febriles internas que ni siquiera están claras para ti, muy vagas.

Puedes cambiar de actividad pero, a menos que las actividades sean transformadas en acciones, no servirá de nada. La actividad es una forma de escaparte de ti mismo. En la acción eres; en la actividad te has escapado de ti mismo; es una droga. En la actividad te olvidas de ti mismo y cuando te olvidas de ti mismo no hay preocupaciones, no hay angustia, no hay ansiedad. Por eso necesitas estar completamente activo, haciendo una cosa u otra, pero nunca en un estado en el que el no-hacer brota y florece en ti.

La acción es buena. La actividad es enferma. Encuentra la diferencia en tu interior: ¿qué es actividad y qué es acción? Ése es el primer paso. El segundo paso es implicarse más en la acción para que la energía se ponga en acción; y siempre que haya actividad, ser más observador, estar más alerta. Si eres consciente, la actividad cesa. La energía es preservada, y esa misma energía se convierte en acción.

La acción es inmediata. No es algo preparado, no es prefabricada. No te da ninguna oportunidad de hacer preparativos, de que la ensayes. La acción siempre es nueva y fresca como el rocío de la mañana. Y la persona de acción además siempre está fresca y joven. El cuerpo podría envejecer pero su frescura continúa; el cuerpo podría morir pero su juventud continúa.

Renuncia cada vez más a la actividad. PERO ¿cómo puedes renunciar a ella? Querer renunciar a ella se puede convertir en sí mismo en una obsesión. Sé consciente. Siente la diferencia entre acción y actividad. Y cuando la actividad de atrape –de hecho se le debería de llamar posesión-, cuando la actividad te posea como un fantasma – y la actividad es el fantasma, viene del pasado, está muerta-, cuando la actividad te posea y estés febril, hazte más consciente. Eso es lo único que puedes hacer. Obsérvala. Incluso si lo tienes que hacer, hazlo con plena consciencia. Fuma, pero fuma muy despacio, todo lo consciente que puedas para poder ver qué estás haciendo.

Si puedes observar cuando fumas, de repente un día el cigarrillo se te caerá de entre los dedos porque te revelará lo absurdo que es. Es estúpido; es simplemente estúpido, idiota. Cuando te das cuenta de esto, sencillamente se cae. No puedes tirarlo porque tirarlo es una actividad. Por eso decimos que simplemente se cae, igual que cae una hoja muerta desde el árbol…, cayendo, de ese modo cae. Si lo has tirado lo recogerás nuevamente de otro modo, de otra forma.

Deja que las cosas se caigan, no las tires. Deja que la actividad desaparezca, no la obligues a desaparecer, porque el mismo esfuerzo para obligarla a desaparecer es de nuevo una actividad de otra forma. Observa, permanece alerta, sé consciente, y presenciarás un fenómeno milagroso: cuando algo cae por sí mismo, espontáneamente, no deja rastro en ti. Si lo obligas, entonces queda un rastro, queda una cicatriz. Luego siempre presumirás que fumaste durante treinta años y después lo dejaste. Este presumir es lo mismo. Hablando de ello estás haciendo lo mismo; no fumas pero hablas demasiado de que has dejado de fumar. Tus labios vuelven a estar en actividad, tu boca está funcionando, tu violencia está ahí.

Si un hombre lo entiende de verdad, las cosas se caen; y después no puedes atribuirle el mérito de que: *Lo he dejado. ¡Se cayó solo!* Tú no lo has dejado. El ego no se fortalece con ello. Y entonces cada vez podrá haber más acciones.

Y siempre que tengas una oportunidad para actuar con totalidad,  no la desperdicies, no vaciles; actúa. Actúa más y deja que las actividades vayan cayéndose solas. Poco a poco te irás transformando. Lleva tiempo, necesita que llegue su momento, pero no hay prisa.

No hagas nada con el cuerpo sino relajarte; cierra finalmente la boca y permanece en silencio; vacía tu mente y no pienses en nada.

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