Los mandalas

LOS MANDALAS CENTRAN LA MENTE en el principio unificador situado en el corazón de toda la existencia. El Shri Yantra representado en el centro de este mandala es una imagen antigua que ilustra la penetración mutua de los opuestos: del vacío y la forma, del espíritu y la materia, de lo masculino y lo femenino. Este yantra (literalmente “dispositivo”) cultiva la conciencia de las fuerzas infinitamente creativas y mutuamente penetrantes de las que formamos parte.

En el contexto del tantrismo hindú, el elemento rojo del yantra se basa en el color de la sangre menstrual y representa el principio femenino de encarnación. El elemento blanco simboliza el principio masculino de la energía trascendente, la semilla de la creación. De aplicación universal, el Shri yantra, el <glorioso dispositivo>, nos centra en el reconocimiento de esta unidad primordial; un equilibrio dinámico que irradia en el corazón de toda la existencia. La tradición hindú ilustra este principio cósmico en la geometría elemental. El budismo tántrico lo personifica en Samantabhadara, el Buda <beneficientísimo>, que aparece retratado en la parte superior de la pintura, unido a su consorte Samantabhadri, la encarnación del vacío primordial. A la izquierda y derecha se hallan las deidades de la meditación Guhyasamaja & Chakrasamvara.

Estos íconos de integración nos despiertan de la ilusión de desunión y enajenación que plaga la existencia humana. Contempladas con atención, estas imágenes unifican lo que suele permanecer separado, cercenado de las fuerzas creadoras de la vida universal. Los budas se presentan en posiciones de unión cósmica. Algunos son extáticos, otros pacíficos y los demás, coléricos. Algunos tienen una anatomía que nos es familiar, otros exhiben múltiples brazos y extremidades, símbolo de haber alcanzado el estado de liberación.

Más que ninguna otra imagen de Galería celestial, este thangka ejemplifica un alejamiento drástico de la iconografía tradicional. Al colocar un yantra hindú en el centro de un mandala budista, la pintura subraya la unidad de contenidos de estas dos religiones. Pese a ello, resulta interesante el hecho de que el Tantra hindú represente el principio femenino como la fuerza generadora o Shakti del principio masculino encarnado por Shiva. En el Tantra budista, el simbolismo está invertido: las formas femeninas representan la sabiduría y el espacio primordial, en el que el principio activo masculino expresa su energía y compasión.

Este cosmos de fuerzas que se penetran mutuamente está formado en parte por nuestra forma de pensar y solo conoce los límites de nuestra visión. En el centro del Shri yantra, en el punto inmóvil de las energías mutuamente penetrantes de nuestro ser esencial, estamos conectados de modo inextricable a toda la existencia y nuestra alienación se reduce a un sueño egoísta y contraproducente.

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